“En Terapia Ocupacional un niño que no juega es tan grave como un niño que rechaza comer o dormir”

La Convención sobre los Derechos del Niño en su Artículo Nº31 reconoce el derecho del niño al descanso y al esparcimiento, al juego y a las actividades recreativas propias de su edad así como a la libre participación en la vida cultural y en las artes. El mismo derecho rige para los niños y las niñas con discapacidad.

Propiciar oportunidades apropiadas, en condiciones de igualdad, de participar en actividades lúdicas es una tarea de los estados pero también de todas las organizaciones e instituciones de la sociedad civil. Y es en este sentido, que el Instituto Universitario del Gran Rosario-IUGR- como institución educativa asume el compromiso de trabajar desde todos los aspectos que posibilitan la integridad del sujeto.

Por ello, la apuesta a que dentro del CURI funcione una Juegoteca inclusiva permanente es reafirmar la misión de mejorar la calidad de todas las personas, con especial atención a personas con discapacidad y grupos vulnerables.

“Si concebimos el juego como el medio a través del cual el niño tiene contacto con el mundo que le rodea podemos pensar que es a partir de él como descubre el desarrollo de su naturaleza ocupacional, la motivación y el placer de la acción”, explica la Terapista Ocupacional Liliana Lares, responsable junto con la Lic. Carolina Zaldívar de que este proyecto haya adoptado continuidad.

¿Cómo surge la idea de la Juegoteca?

En el espacio de Prácticas Pre-profesionales en Salud Comunitaria, las últimas que tienen en la carrera de Terapia Ocupacional, se trabaja tanto en la promoción de comportamientos saludables ocupacionales como en  la prevención de enfermedades. Eso sería un poco el rol del Terapista Ocupacional en lo que a “salud comunitaria” se refiere. A lo largo del año se han ido realizando distintas actividades en el CURI para diferentes grupos etáreos-adultos, jóvenes- pero nos faltaba abordar la infancia para integrar a la comunidad en su totalidad. Y por ello pensamos en ellos para este lugar, entendiendo al juego también como el antecedente del comportamiento ocupacional.

Los niños que asisten a este lugar especialmente diseñado para la expresión lúdica, encuentran personas dispuestas a jugar con ellos. También hay juguetes, pero lo importante en la Juegoteca es el jugar con otros. Esos otros niños, jóvenes o adultos que posibilitarán en un ambiente confiable que el juego se desarrolle. Los adultos, siendo flexibles para crear situaciones lúdicas, pudiendo entrar y salir de ellas. Los niños proponiendo fantasías, invitando.

Disfraces, pinturas, bailes, pelotas y muñecas. Todo sucede en dos horas intensas y productivas. Las manos amasan la masa, la colorean, le dan forma. Después a lavarlas. Vuelven las manos limpias a enchastrarse con pinturas, dibujando líneas, monigotes, círculos que son soles. Y vuelta a lavar.

“Acompañando a los chicos a lavarse las manos, vamos incorporando en ellos los hábitos de higiene”, explica la TO agregando que “destinar el tiempo a jugar es trabajar desde la promoción, es poder dar a la rutina diaria el lugar que el juego tiene en los niños y que es la ocupación primordial”.

¿Por qué pensaron en este espacio de juego?

Compartimos las investigaciones que dan cuenta que muchos de los niños de las concentraciones urbanas actuales no cuentan con espacios de contención y recreación suficientes, especialmente los niños con discapacidad donde se observa escasa accesibilidad y posibilidades de interacción con otros niños. Suelen participar de espacios de juego en las Escuelas o Centros Especializados. Las Juegotecas intentan servir para ambos fines: como lugares de protección y contención, así como espacios recreativos. En cuanto a lo primero, es sabido, por ejemplo, que en muchas oportunidades – y en particular en los barrios que sufren carencias –  los niños se retiran de los establecimientos educativos y permanecen solos en sus hogares gran parte del día. Han sido ya bien estudiados los efectos perjudiciales de esa carencia de protección, tanto a nivel físico como a nivel psicológico.

En cuanto al punto de vista de lo recreativo, la cuestión implica mucho más que simple “entretenimiento” o “diversión”. El jugar tiene un valor insustituible como posibilitador de la organización psíquica, así como promotor de la salud, lo cual fue resaltado por numerosos autores. Tal mérito de la actividad lúdica, es sin embargo, contrario a la opinión popular prevaleciente, que tiende a considerar el jugar como una  pérdida de tiempo o, cuanto mucho, una forma de distracción inevitable en la niñez. En pocas palabras: el niño que puede jugar tiene más posibilidades de desarrollo saludable que el que encuentra perturbada o muy limitada esa posibilidad.

Concebimos a la Juegoteca dentro de un proyecto de prevención y promoción de la salud, cuya durabilidad dependerá del compromiso participativo de la comunidad. En este punto nos referimos al compromiso de las familias en tanto garanticen la asistencia de los niños así como las practicantes que irán rotando semestre a semestre y los profesionales que suscriben.

 

Fuente: Instituto Universitario del Gran Rosario
Imagen: ingesport-fi.com