Ramón Sanabria dio una conferencia en la Facultad de Arquitectura, Planeamiento y Diseño UNR

En una inspiradora disertación, Sanabria invitó a la reflexión al afirmar que en España, la arquitectura más rigurosa proviene de estudios pequeños, carentes de las grandes estructuras que poseen los prestigiososestudios norteamericanos. Como consecuencia, los estudios españoles deben prestar más atención a los detalles en el momento de llevar a cabo grandes proyectos y así garantizar la construcción de obras “de buena arquitectura”. Como resultado, la buena Arquitectura es escasa, pero es muy buena.

Haciendo referencia a la diferencia estructural que se observa entre los pequeños estudios y las grandes empresas, aseveró con convicción que en el futuro se va prestar especial atención al hecho de que haya “mucha obra buena, realizada con tan poco”.

También incitó a los alumnos a concebir la arquitectura no tanto como una disciplina sino más bien como un “estilo de vida” que está en contra de la rapidez y la velocidad, afirmando, como un lema inquebrantable, que “para hacer buena Arquitectura es fundamental que haya riesgo y tiempo para la reflexión”. Aseguró que el tiempo es un valor intrínseco de la Arquitectura, es el factor que le confiere autenticidad.

Todos sus trabajos, excepto uno, fueron obtenidos mediante la participación en concursos públicos. Entre ellos se destacan la Diputación Provincial de Huesca, el Auditorio del Conservatorio de Música Enrique Granados de Lérida, el Centro Cultural Sant Cugat (Barcelona), la Escuela Oficial de Idiomas de Lérida, la Biblioteca Central de la Universidad Politécnica de Catalunya, las Facultades de Química y Enología de la Universidad Rovira i Virgili en Tarragona y el Master Plan para la Ciudad del Teatro de Barcelona.

Al momento de plantear ideas para delinear un nuevo proyecto, su premisa es impedir que la obra se vea demasiado afectada por la moda del momento y para lograrlo propone someterla al interrogante “¿qué será de esta obra dentro de diez años?”.

Explorando un terreno algo controvertido, planteó que “la obra acaba cuando acaba el proyecto”, y explicó: “debido a que la tendencia anglosajona no admite la superposición de etapas, actualmente es difícil intervenir la obra con ajustes proyectuales”.

Finalmente, guió a los estudiantes en un recorrido por sus trabajos más representativos, destacando en cada proyecto el carácter neutral al que apelan sus intervenciones en relación al entorno y concluyó con una autodefinición tan categórica como valiosa: “soy un obsesivo de construir bien”.

 

Imagen: FAPyD