Luz de alerta: violencia escolar

Por Stella Maris Andretich Licenciada en Psicopedagogía. Mat.105

La generación que pasó ya por los 40 debe acordarse seguramente de Etelvina, aquella niña tan rubia como odiosa del programa de televisión “Señorita maestra”. ¿La recuerdan? Corría la década de los ‘80. La maestra era Jacinta Pichimahuida y en las clases muchos compañeros eran blanco de las descalificaciones de la niña.

La sociedad en la que hoy vivimos ha cambiado mucho sin dudas desde aquel programa y aquellos tiempos, y estos cambios no escapan a las conductas que se ponen de  manifiesto en el ámbito escolar actual.

La señorita de entonces tenía el lugar de autoridad que la misma sociedad le confería y convalidaba, lo que ella decía no se discutía; Etelvina y sus ofensas eran “inofensivas” si comparamos con lo que vemos hoy en las aulas…y las denuncias por acoso o maltrato, tampoco eran moneda corriente en esta ficción que bastante bien reflejaba la vida escolar.

Un sin número de factores hacen que la sociedad sea otra y que hoy se vivan situaciones donde la violencia se cuela en sus diferentes formas: desde el abuso y maltrato de alumnos, cuyas denuncias por parte de los padres van en aumento, pasando por el ya tristemente “célebre” bullying, – conducta intimidatoria ejercida por un compañero sobre otro/s- hasta las desvalorizaciones de padres hacia docentes, que por supuesto se transponen al aula a través de sus hijos, generando un círculo vicioso donde el profesor o maestro ya no tiene el lugar de antaño y no puede cumplir con el rol esperado.

Cuántas veces nos encontramos con adolescentes a los cuales los profesores “les deben” pedir permiso para tomar alguna decisión o con los cuales todo se negocia.

Sin dudas, el tema de los límites –ordenadores y nunca autoritarios- toma preponderancia aquí y es un concepto clave a la hora de prevenir la violencia. Los chicos -y particularmente los adolescentes- necesitan el límite para poder confrontar su mundo con el de los adultos y poder transcurrir por esta etapa tan crucial donde viven duelos[i] fundamentales en la búsqueda de su identidad.

Un artículo alusivo y no menos preocupante fue el publicado por el diario La Nación[ii]. En el mismo se citan los resultados de la encuesta sobre violencia escolar del año 2007 (los de la última -lamentable y llamativamente- aún no se han difundido). La encuesta es realizada entre 70.000 alumnos de nivel secundario de escuelas públicas y privadas de todo el país y forma parte del operativo nacional de evaluación docente del Ministerio de Educación de la Nación. Entre otros datos, se destacan que “el 32% de los chicos dice sufrir rotura de útiles; el 14 % soporta gritos; el 12 % tolera insultos o burlas y el 8 % dice sentirse excluido”.

Volviendo la mirada hacia los más chicos y sus relaciones dentro de las aulas y los patios escolares, numerosas investigaciones demuestran que la edad en que comienza a aparecer la violencia es cada vez menor. Así lo confirma la psicoanalista Mónica Toscano[1], quien se dedica a estudiar la temática: “…Hemos podido observar que los chicos viven situaciones de miedo, de dolor en relación con su grupo de amigos, de violencia verbal. Hemos podido observar también que estas situaciones se expresan desde edades cada vez más tempranas”.

“Una de las cuestiones que más observamos en los colegios es que los chicos no se escuchan. Y se tratan entre sí como si fueran objetos”.

El panorama no parece alentador, entonces como educadores –padres, docentes y directivos de instituciones escolares- tenemos el deber de adelantarnos a tales situaciones apelando a la prevención de la violencia desde las etapas más tempranas de la escolaridad. ¿Cómo? Estando incansablemente atentos a las señales que los chicos nos manifiestan. Escuchándolos. Fomentando instancias de diálogo entre ellos, de encuentros reflexivos – en el caso de los adolescentes- y entendiendo de una vez que los límites son necesarios y fundamentales en la estructuración de la personalidad.

Debemos educar niños con capacidad empática, fomentando en ellos la solidaridad, el respeto por el otro, la inclusión y la aceptación de la diversidad. Por supuesto, y una vez más en materia de educación, el ejemplo es lo que vale, lo que vean los chicos en casa y en la escuela será lo que internalicen como válido.

Los chicos agredidos están sufriendo y los que presentan conductas agresivas también nos están pidiendo ayuda: como adultos responsables no les podemos fallar.



[1] Conceptos extraídos de la nota publicada por el Diario La Capital el Miércoles 15 de Mayo de 2013.

[i] Arminda Aberasturi fue una psicóloga Argentina que se especializó en el trabajo con niños y adolescentes. En su libro “La Adolescencia Normal” desarrolló el concepto de los duelos de la adolescencia.

[ii] Datos extraídos de la nota “Retrasan la difusión de la encuesta sobre violencia escolar”. Suplemento Sociedad,  Diario La Nación,  Lunes 6 de Mayo de 2013.