Pedro León Vivas

Los cuatro pilares del liderazgo escolar

De acuerdo con la Real Academia Española, “pilar” es una “cosa que sostiene o en que se apoya algo”, o bien un “hito o mojón que se pone para señalar los caminos”. En este sentido, podemos plantearnos los siguientes interrogantes: ¿cuáles son los pilares sobre los que se sostiene el liderazgo escolar?, ¿cuáles son las guías que marcan el camino de los líderes escolares?

En nuestro primer artículo dedicado a la gestión de las instituciones educativas1, destacábamos que, frente a los profundos procesos de cambio en los que estamos inmersos, se hace necesario trabajar por la profesionalización de la gestión de los centros educativos y de quienes ocupan posiciones de liderazgo.

Continuando con esta línea de pensamiento, presentamos sucintamente cuáles son las dimensiones críticas que los líderes escolares deben considerar al momento de plantear su trabajo. Su comprensión y análisis permitirá ordenar la labor de los directivos y enfocarse en aquellas tareas que resultan más significativas y con más impacto en la calidad de la enseñanza. Al respecto, identificamos cuatro tareas centrales de los líderes escolares2:

  • Establecer una dirección: implica definir un propósito, una finalidad que sea común y procurar involucrar a cada uno de los integrantes de la escuela. Se trata de una dimensión crítica, particularmente en una organización que por sus características tiende a la fragmentación. Aquí también debe definirse la manera en que se va a evaluar la marcha del proyecto educativo.
  • Apoyar, evaluar y desarrollar la calidad docente: incluye la coordinación del plan de estudios, el acompañamiento, soporte y formación del profesorado, su supervisión y evaluación, como así también la construcción de una cultura basada en la colaboración.
  • (Re)diseñar a la organización: busca establecer las condiciones internas que permitan desarrollar el máximo potencial de las personas involucradas en la escuela. Los líderes deben prestar atención a los aspectos organizativos y diseñar estructuras y procesos que se encuentren al servicio del proyecto educativo, no al revés.
  • Vincular a la escuela con su entorno: los directivos deben procurar establecer un diálogo enriquecedor con otras escuelas, con la comunidad y con las autoridades educativas, de manera tal de transferir conocimientos y buenas prácticas. El encapsulamiento no es una postura recomendable frente a un entorno en permanente cambio.

 

Llegados a este punto cabe preguntarnos: ¿cuál de los cuatro pilares tiene un mayor impacto en los estudiantes y sus aprendizajes? Al respecto, resulta oportuno mencionar que el involucramiento activo de los directivos en el desarrollo permanente del equipo docente es aquella práctica que tiene un mayor impacto en el aprendizaje de los estudiantes3. Sin ánimo de menospreciar las otras dimensiones, la conclusión en cuanto a dónde debe estar puesto el foco y los mayores esfuerzos de los líderes de las instituciones educativas es clara.

 

Una actitud transversal: la reflexión

Por otra parte, consideramos importante mencionar que, tan importante como abordar adecuadamente cada uno de los pilares, los líderes deben dedicar tiempo para la reflexión. Un desarrollo lineal no permitirá capitalizar el componente enriquecedor que ofrece el análisis de la práctica. Lamentablemente, la dinámica de las instituciones educativas hace que se ocupe algún tiempo para la planificación, mucho tiempo a la acción, pero muy poco tiempo, o casi nada, a la reflexión sistemática sobre lo actuado4.

Una práctica que proponemos es que cada directivo analice su propia agenda de trabajo. Este análisis proporcionará una idea rápida acerca las temáticas abordadas y los tiempos destinados a cada una de ellas: ¿qué actividades son prioritarias?, ¿cuáles ocupan más el tiempo?, ¿cuáles están devaluadas?

Esta práctica puede ofrecer algunas pistas acerca de cuál de los pilares del liderazgo escolar recibe más atención y colaborar para reenfocar aquellos aspectos que se encuentran infra o supervalorados. Este simple ejercicio, realizado periódicamente y a conciencia, puede tener el potencial de convertirse en una fructífera estrategia para el aprendizaje.

 

Referencias
1 Vivas, P. (2013). El desafío del liderazgo escolar. APTUS, 15, 40-41.
2 Pont, B., Nusche, D. y Moorman, H. (2009). Mejorar el Liderazgo Escolar. Volumen 1: Política y Práctica. París: OCDE.
3 Robinson, V. (2007). School leadership and student outcomes: identifying what works and why. Winmalee, New South Wales, Australia: Australian Council for Educational Leaders.
4 Santos Guerra, M. A. (2000). La escuela que aprende. Madrid: Morata.