La memoria en fotos

Por Carolina López Scondras. Docente, periodista y bibliotecaria

 

¿Por qué una comunidad es cómo es? Básicamente por toda una serie de códigos comunes que la representan. Las personas, las instituciones, la geografía, la música, el arte y la gastronomía son parte de la creación colectiva. Incluso un barrio no es igual a otro aunque estén a escasas cuadras.

Por si fuera poco, algunos factores externos las modifican: la creación de una autopista, una crisis económica, un desastre natural, un boom turístico, una planificación urbana etc.

Así pasó en el Casco histórico de la Ciudad de Buenos Aires, pestes, éxodos, tomas, explotación comercial.

Los vecinos para no perder la esencia de su personalidad se organizaron para crear colectivamente la memoria de un barrio a través de las fotografías.

Lo imposible, posible.

¿Se imaginan a su barrio empapelado con gigantografías? ¿Es posible pensar en una imagen de un cumpleaños de 15 de los años 50 en la fachada de unos nuevos loft?

El proyecto de Patrimonio Intangible apunta a fomentar la identidad comunitaria que comenzó en 2010  por la iniciativa de Catherine Mariko Black, en ese entonces directora del diario “El sol de San Telmo”. Convocó a los vecinos  y las instituciones a prestar sus fotos para escanearlas previas al 2001.

La propuesta apuntó a conseguir imágenes de los usos y costumbres, hombres y mujeres, calles, espacios públicos,  Museos, clubes, escuelas, centros de formación, centros culturales, comercios, celebraciones, hechos históricos.

Así llegaron al archivo novias vestidas de negro en la Iglesia a principios de siglo, carnavales, fiestas populares, cumpleaños, quinceañeras y novias en el Parque Lezama, vendedores de pingüinos en el mercado.

Quiénes participaron

La inmobiliaria del barrio aportó fotos de las casas que remodelaron, con el antes y el después. Además el paso de la autopista y el ensanchamiento de varias avenidas aledañas llevaron a la demolición de edificios y espacios de encuentro.

Gracias al aporte de los vecinos, muchos de ellos nacidos en el lugar, reaparecieron en imágenes las casas y comercios que fueron tirados abajo.

Se pudieron rescatar personalidades muy reconocidas como la directora de la primaria por más de 10 años.

Casamientos dentro del jardín de infantes, con todos los invitados sentados en sillitas mínimas, vendedores de barras de hielo.

Una de las escuelas públicas aportó su archivo histórico cuando la escuela era sólo de varones y llevaban pantalones cortos y pueden verse, en medio de los guardapolvos blancos, unos negros, de los huérfanos del patronato de la infancia que estaba enfrente.

El Museo penitenciario cedió imágenes de internas, de los talleres de costura, de las Monjas del buen Pastor  que eran las carceleras.

Un vecino de un piso 14 tomo fotos siempre desde el mismo lugar del antes y después del ensanche de una avenida.

El Club compartió viejas formaciones, los festejos del campeonato ganado en los años `60, camiones de hinchas con banderas, saltos de los jugadores dentro de los vestuarios.

Como cada foto guarda una historia, mediante unas fichas se cuentan para formar una base de datos.

No sólo los aportes fueron con fotos estrictamente, también colaboraron con personal El Centro Cultural de España, la Dirección de Patrimonio cediendo sus espacios, otros negocios prestando scaners, La universidad de Quilmes con Pasantes, bibliotecas de otros barrios que también contaban con imágenes del barrio.

El trabajo en equipo

No siempre los proyectos que implican la participación activa de la gente es fácil de lograr. En este caso es claro cuando uno solicita que aporten fotos y la respuesta es que vayas a hablar con otra persona que seguro lo hace.

Más de una vez conseguir un permiso o que te atiendan para escuchar el proyecto lleva mucho tiempo y la sensación de que a nadie le importa.

“Para eso está el equipo.  A lo largo de los años la energía cambia del trabajo y siempre hay uno que quiere renunciar y otro que toma la posta. Ese equilibrio entre pares hace que el proyecto siga caminando en lugar de estancarse. A su vez, cuando uno se siente derrotado siempre aparece alguien nuevo con un dato de exposición con una colección nueva, con un aporte que mantiene vivo el espíritu” comenta Elvira Amor, española una de las coordinadoras.

Qué se hizo con la colección

Ya reúne más de 700 fotos y parte de la colección se transformó en un libro “Alma de barrio” (2011). Fotògrafos e historiadores eligieron un grupo de 50 fotos y con la ayuda de la casa de revelados del barrio se convirtiò en una muestra itinerante.

Por gestión de diversos actores de la comunidad que se enteraron e hicieron invitaciones, se expuso en la Noche de los Museos en una escuela Normal de la zona (2012).

Gracias al Fondo Nacional de las Artes y la escuela de bibliotecarios (IFTS 13) el proyecto continuó su curso de digitalización y carga de bases de datos para que toda la información (personas, calles, instituciones, eventos y demás) se pueda recuperar.

En medio de las exposiciones otros vecinos se acercaron y sumaron muchos más datos. “Me vi en la foto grupal de mi de cuarto grado en la web así que vine a pedirla. De paso les pasé los nombres de todos los que me acordaba, incluyendo a la maestra” comenta un vecino que se acercó por las redes sociales.

La mirada joven sobre las fotos antiguas

Para la idea de este año de las gigantografìas, alumnos de séptimo grado fueron los curadores con la premisa de “Qué te llama la atención”.

Una de las fotos son tres niñas vestidas para el carnaval. La pregunta fue “¿Por qué están disfrazadas?” y ellos respondieron “Por halloween”.

Otras desopilantes conclusiones como por qué usaban los pantalones cortos los niños o preguntas del tipo “¿Se veía todo en blanco y negro?”

Las imágenes sirvieron como disparadores para hablar de la comunidad en la que están, del pasado, del presente, de los espacios que conocen y su historia.

El proyecto Gigantografìas

La escuela, por su parte, destinó parte de su presupuesto para hacer 10 gigantografìas. Así más las de los vecinos y participantes que se acoplaron a la idea, lo que era imposible comienza a materializarse.

Este año se sumó la comunidad educativa de primaria y por medio de la Supervisión de Bibliotecas del Gobierno de la Ciudad,  varios distritos aportarán gigantografías en sus fachadas y lugares significativos del barrio  para hacer un itinerario histórico lo que amplía el proyecto y sale del barrio, para replicarse en otros.

Pero no todo queda en una gran caja de fotos. A  fin de año la colección estará disponible en la web y por el momento se pueden consultar algunos avances en el facebook y los blogs santelmorecuerda.blogspot.com y santelmorecuerda2013.blogspot.com.

Este ambicioso plan es imposible pensarlo como un trabajo individual y no hubiera sido posible sin la colaboración de un pequeño grano de arena de cada uno los miembros de la comunidad que siguen estando orgullosos de su historia y su identidad propia.

¿Cuál es el sueño imposible de tu comunidad?

 

Encontrá este artículo en la edición N°17 de Aptus Propuestas Educativas: www.aptus.com.ar/revista/

 

Imagen: sxc.hu