Creatividad e ingenio: Entrevista a Chiqui González

Chiqui González parece haber cambiado el nombre propio por el apodo hace mucho. El María de los Ángeles aparece en alguna cuestión de protocolo o bien cuando algún editor quisquilloso hace que el redactor vaya a las fuentes y averigüe. Porque los proyectos que Chiqui, la ministra de Cultura de la provincia, ha llevado adelante en las últimas décadas son todo lo contrario: son grandes. No por monumentales o ampulosos, sino porque han calado hondo en la ciudad y la gestión gubernamental del socialismo ha podido mostrar, por ejemplo, el Tríptico de la Infancia, al mismo nivel que su gestión en salud, su capital simbólico más preciado. En esta nota repasa su infancia en el sur de la ciudad, su llegada al centro, cómo tras recibirse de abogada decidió profundizar otros caminos, su vínculo con el teatro y su relación con la función pública, la que se juraba jamás aceptar.

¿Cómo nace su vocación y por consecuencia su dedicación a la cultura, generando en sus proyectos siempre un aporte social?

La vocación por la cultura nace en la infancia. Me gustaba profundamente de chica la literatura, la filosofía y la historia. Yo participaba e incluso ganaba concursos de poesía para adultos a los 9 años, pero no por “niña genio”, sino porque amaba las palabras, y leía muchísima poesía de chica. Vivía en un barrio en el sur del Saladillo, digo esto porque tuve una familia que me estimulaba, por supuesto, pero no vengo de una familia de intelectuales. Mi padre era maestro, maestro de escuela y maestro carcelario. A la tarde era maestro del reformatorio y a la noche de la cárcel de encausados de Rosario. Mi madre era odontóloga y tenía su consultorio en el barrio, en la calle Arijón. Yo hacía teatro, estudiaba flamenco, piano, pintura en la Escuela Musto -pésima era- pero estudiaba todo lo que tuviera que ver con el arte, con la historia y la cultura.

Después hice el secundario en la Escuela Nuestra Sra. Del Huerto, en el centro, porque era demasiado introvertida, entonces me mandaron al centro, con esfuerzos enormes porque mi familia no tenía muchas facilidades, para que yo pudiera separarme un poco de ellos. Yo allí hice todo lo que tuviera que ver con teatro, coro…todo. Hice mucho en esa área y muy poco en lo deportivo, donde lo único que hacía era natación. Luego estudié derecho, como el mandato de muchos chicos de clase media del ´50,  y hoy agradezco haberlo hecho. Me recibí antes de cumplir los 20 años, y creo que hice bien, porque la abogacía me ponía en contacto con los conflictos, con la realidad social, pero también con los problemas políticos –fui defensora de presos políticos a pesar de ser muy joven, a los 20 ó 21 años- y luego ya directamente di clases. Yo era maestra normal, con título secundario y empecé a estudiar Filosofía. Estudié 3 años y medio y en la facultad y después seguí estudiando por mi cuenta Filosofía y Lingüística. Entonces todo eso me acerco muchísimo al mundo de la cultura. Estudié distintos tipos de lenguaje, música… y era natural que terminara trabajando en el campo de la cultura, en el teatro primero, como directora y en las escuelas de teatro hasta que el 1996 me ofrecieron el CEC y a pesar de que yo no quería saber nada con ningún puesto público, me enamoré de ese galpón de nuevas tendencias. Luego seguí como subsecretaria de Educación de la Municipalidad, directora de programación y después si, encabecé la construcción del Tríptico de la Infancia, quede como directora de la Isla de los Inventos, capacitando y llevando adelante el Tríptico (Granja, Jardín y la Isla). En marzo de 2006, asumí como secretaria de cultura de la Municipalidad de Rosario, y en 2007 asumí como Ministra de Innovación y Cultura, siendo Santa Fe la primer Provincia en tener un Ministerio de cultura, lo que le da al campo mucha más repercusión e importancia.

¿Por qué considera tan importante el aporte de los niños y los jóvenes a la cultura? ¿Qué los diferencia en este sentido de los adultos?

Los considero especialmente importantes en la cultura porque no es posible hacer un plan cultural que sea riguroso y piense a largo plazo y no en la inmediatez, que no sea un plan de puro asistencialismo cultural, si uno no piensa en el 0-25, en las generaciones de hasta 25 ó 30 años. Hay otra cuestión que yo menciono siempre, que no es trabajar sólo para los niños, sino trabajar en espacios para los adultos, con la lógica de los niños. Y cual es esta lógica? El niño no diferencia cuerpo de mente, es integral. El niño no diferencia forma de contenido, ama las formas, el sonido de las palabras y no distingue teoría de práctica. El niño hace, aprende jugando, aprende mediante la acción. Los niños son múltiples. No hay un criterio de lo normal y lo distinto. El juego y la acción robustecen los vínculos con los adultos y generan la idea de movimiento. Un niño que pasa su infancia jugando creativamente, aprende que todo es modificable.

Esto, sumado al atrevimiento y la fortaleza de las culturas urbanas que introducen los jóvenes, a través de los murales, los skaters, la música, los recitales, hace que si uno se juega a poner en el centro de un plan cultural la forma de pensar el mundo de los niños y las culturas que introducen los jóvenes, especialmente desde lo público, construye las bases de un programa cultural, sin olvidarse de las otras generaciones. Hablamos de “Con los chicos y los jóvenes, para todos”, porque es la forma de armar una cultura que implique la memoria – que los chicos traen de sus familias y de anteriores generaciones- y que a la vez implique innovación.

¿Cómo influye el arte, en sus diferentes expresiones, en el desarrollo de la  creatividad?

Enormemente! Como dice Gianni Rodari “No para que todos sean artistas, sino para que nadie sea esclavo” El uso irrestricto del arte, de la pasión, de la comunicación para todos, insisto no para que todos sean artistas, sino el arte como creación, como la vida de otro modo, el juego de componer, de secuenciar, de poder significar con metáforas, con lo poético la capacidad de sustituir y de construir que el arte tiene, es enorme para crear tipos más inteligentes, más sólidos en sus pensamientos, que resuelven en mejores condiciones, y sobre todo el arte te enseña a vivir con otro, porque no podes hacer arte para vos mismo y menos un arte egoísta. El arte es comunicación también, es sensibilidad y es sustitución. El arte se pone entre nosotros para hacernos simbolizar la envidia, el dolor, el resentimiento.

¿Cuál es la función integradora de la cultura?

Esto depende de lo que se entienda por cultura, el que lo entiende como el arte de los más eminentes, y de gozar del espectáculo, no va a pasar del todo la integración. Pero cuando vos pensas que la cultura son las palabras, el nombre, los rituales, los imaginarios sociales, las fiestas de 15, los casamientos, las formas que tenemos para criar un hijo, las reuniones barriales, las formas de comer… si pensamos que la cultura son los símbolos, en ese caso, la cultura es una red que nos une, que nos atraviesa como generación, que nos hace tener un lenguaje y nos enseña a vivir con otros, nos enseña a necesitar al otro, a amarlo, a disentir, a debatir y a encontrar modos de trsnsitar nuestras diferencias. La cultura te pone en un plano que solo los hombres tienen, que es la capacidad de imaginar el futuro y la capacidad de simbolizar lo que uno siente y crear nuevos símbolos. Esos símbolos son marcas que nos ayudan a creer que la vida tiene sentido; sin esto no hay integración ni hay identidad, uno se siente vacío, por eso a veces la máquina de la repetición mediática y del consumo excesivo, lo que hace es que decaiga todo lo simbólico, entonces vos no tenes idea de símbolo, usas 20 palabras, te queda el cuerpo bailando desaforadamente, el cuerpo amando como puede, el cuerpo arriesgado, no cuidándose, porque se tiene el cuerpo como territorio solitario. Entonces es la simbolización, es el ritual, el encuentro, es la convivencia lo que nos permite integrar sociedades en la DIFERENCIA. Argentina, nación de la diferencia de los inmigrantes, los gauchos, los criollos, de la diferencia que nos enriquece no de la que hay que tolerar. O sea, integrar en la diferencia y saber que lo que no tengo yo lo tiene el otro, que no estoy solo.

¿Porque han tomado como ejes del programa querer creer crear los barrios y los clubes?

Es un programa territorial que empezó, y ya se llegó a 60 localidades, a través de eventos que se trabajan durante meses, para que 20 ciudades, se reúnan en una ciudad que no sea de las ciudades más importantes de la Región… “y cada uno a lo que hay que hacer” como dice Serrat. Entonces todos los que hacen cultura (los que bailan, los que cantan, los que hacen artesanía, gastronomía, los que son emprendedores, etc), se junten y muestren su producción. Pensamos que en los barrios, Rosario tenía que tener una versión diferente que los pueblos y localidades de la Provincia, y elegimos el club, porque es el paradigma como son las sociedades italianas en los pueblos, son el recuerdo reciente, y en algunos clubes todavía están muy vivos, de la convivencia. Entonces pensamos en la red de clubes de Rosario, se dividió la ciudad en 6 zonas, que cada una tiene tres barrios (por ejemplo Barrio Azcuénaga, Belgrano y Echesortu), donde hay mezcla social, mezcla generacional y territorial. El primer evento es danzante, donde se ofrece desde cumbia, tango, folclore, latino, covers, para que todas las edades bailen lo que quieran. El segundo encuentro sucede un mes después, con todos los que se han inscripto para mostrar su producción, y en un tercer encuentro una comisión que cada barrio nombra intentará formar una especie de red cultural, permitiendo una integración entre regiones para que se conozcan y conozcan sus distintas formas culturales.

¿Cuál ha sido el mayor logro de su gestión? ¿Qué desafíos tiene por delante el Ministerio de Innovación y Cultura?

El mayor logro de gestión es todo el proyecto y no tiene que ver conmigo, tiene que ver con todo el equipo maravilloso, y con decisiones políticas que permitieron por ejemplo lo que para mí fue un gran logro que es dejar plantado el Tríptico de la Infancia en Rosario y el Tríptico de la Imaginación en Santa Fe, porque es esos seis lugares el publico construye, crea, inventa, los adultos se emocionan porque está toda la vitalidad de lo que es importante en la vida, el nombre, la poesía, el tiempo, la capacidad de encontrarse, de construir juguetes, textiles. Esto es un dato en medio de un proyecto cultural, sostenido ideaologicamente. El segundo logro de gestión muy importante es que se haya creado un Ministerio de Cultura, porque yo me voy, pero queda un espacio, igual que salud, educación u obras públicas, para quien lo tome, y esto es muy importante.

Y en cuanto a los desafíos que quedan, son muchos hasta el final de gestión, muchos que son clave para el propio Gobierno, porque todo esto no es una idea mía sino que soy parte de un equipo y creo que el desafío mas grande que tenemos es llevar hasta las últimas consecuencias en Rosario la Plataforma Lavarden, crear proyectos culturales por región y por barrios, y la ciudad joven del rio. Yo empecé en Sargento Cabral y el río y me gustaría terminar mis días con la ciudad joven. El galpón 11,13,15 y 17 que se van a inaugurar este año y el año que viene, y que es una ciudad joven, con los jóvenes, para todos. Donde hay un galpón de culturas urbanas, otro galpón del diseño y fábricas culturales, uno dedicado al rock y a la música, y el último que se trata de una concesión de un restaurant con música fusión. Si la gente penetra en esta ribera, donde alguna vez se construirá el Puerto de la Música va a entrar en una ribera pública, accesible, con programaciones para todas las edades, con la posibilidad de construir todo tipo de objetos y soportes. Y el otro desafío es crear un medio público de excelencia, me gustaría muchísimo dirigir una canal de televisión para niños.

 

Encontrá esta entrevista en la edición N°16 de Aptus Propuestas Educativas www.aptus.com.ar/revista/

Fotografía: David Pagura – www.davidpagura.com