Construir el futuro desde la primaria

Por Carolina López Scondras

Los niños esbozan desde los primeros grados qué quieren ser en su futuro. Llegado séptimo grado hacen su primera elección en este sentido, con la escuela secundaria con alguna orientación. Sin embargo el niño rara vez elige, y si lo hace es en función de seguir a sus amigos.  Quien decide el destino y realiza los trámites para una nueva escuela  es un adulto a cargo.

Pero ¿Qué pasa en las familias donde no hay mayores responsables? ¿Quién instruye a los padres en las ofertas académicas posibles? ¿Qué criterios usan los adultos a la hora de elegir las escuelas?

En cuanto a la elección de profesiones se piensan a a sí mismos por lo que conocen. Mucho se habla del desarrollo de la imaginación a través del juego y la lectura, pero las últimas dos generaciones  perdieron la capacidad de relacionarse “en vivo” con otros pares y perdieron el hábito lector.  Disminuyeron los juegos en la calle, se achicaron las bibliotecas familiares, no leen los padres ni hijos y con ello destruyen la posibilidad de los mundos imaginarios.

¿Qué es imaginar y para qué sirve? Según el diccionario es “representar idealmente una cosa, crearla en la mente // Crear, inventar // Pensar, suponer”

Para elegir es necesario tener la capacidad de imaginar algo que no existe, el  mañana o una situación económica diferente a la actual. ¿Cómo es posible cambiar de entorno si no somos capaces de soñar con él?  ¿Cómo es posible que imaginen algo que no conocen?

Alumnos de séptimo y sexto grado fueron a una visita a un museo y la guía les preguntó si alguno de ellos sería ingeniero o arquitecto. Nadie respondió. Les preguntó si les gustaba dibujar y varios levantaron la mano. Sencillamente no sabían qué hace un arquitecto o ingeniero porque no pertenece a su mundo. Ni sus padres, ni sus abuelos, ni los tíos, ni los vecinos son profesionales ¿Cómo podrían imaginarse a ellos mismos arquitectos?

Por otro lado tanto adultos como niños desconocen la oferta académica: secundarias con especialidades y títulos intermedios, centros de educación no formal, cursos y talleres de diferentes duraciones que otorgan certificados o diplomas.

La información se encuentra en las bibliotecas escolares que tienen por función brindarla, enseñar a buscarla, evaluarla, analizarla, compararla, transformarla y transmitirla. El primer escollo es que dentro de las donaciones de los planes de lectura, no envían material de referencia (mapas, atlas, guías, directorios, diccionarios biográficos, guías del estudiante, etc).

Maribel Russo, docente de sexto grado, cuenta su experiencia: “No se ve la idea de la superación a  través del estudio y esfuerzo. Las políticas socioeconómicas de los últimos gobiernos fue contra esa idea. Por otro lado, no tienen referentes salvo los docentes, pero como son cuestionados tampoco somos un modelo digno. Hay que brindar desde la escuela todas las herramientas que las familias no pueden ofrecer: visitas guiadas, charlas con profesionales de diferentes ámbitos, reconocimiento de  secundarias y universidades, entrelazar la primaria con el segundo nivel. También es necesario atraer a las familias a que formen parte de la institución educativa, brindarles espacios porque si no conocen nuestra labor, jamás nos van a apoyar”.

En este marco, con los alumnos de séptimo grado, maestras y bibliotecaria idearon un proyecto anual de reconocimiento de los recursos del barrio.

Como punto de partida realizaron un cuadro de tres entradas:

“qué quiero ser”, “qué quiero hacer”, “qué quiero tener” y a partir de sus propios gustos se los convocó a buscar lugares donde pudieran encontrar respuestas.

Las elecciones del futuro tuvieron relación directa con su experiencia de vida tanto real como la de televisión: policía, peluquero, actriz, modelo, jugador de fùtbol, carpintero, maestra, veterinario, profesor de karate. Sólo unos pocos se atrevieron a más: Presidente o escritor.

A partir de sus propias expectativas, se los invitó a buscar dónde se puede estudiar lo que eligieron o quieren visitar (la veterinaria o la Comisaría, el club con cancha de fùtbol, conservatorios, la Casa de Gobierno), para hablar con la gente y preguntarles sobre su carrera. Con la ayuda de directorios, guías del estudiante, barriales y de oferta académica informal hicieron sus propios recorridos.

Tambièn conocieron, aprendieron a manipular y revisaron guías de servicios municipales como centros de vacunación, salud, hogares de día, casas del adolescente.

Después localizaron cómo llegar en los planos de la ciudad (cada salida es comanda por un grupo de alumnos) y armaron sus propios cuestionarios.

En caso de tener que pedir autorizaciones, ellos mismos se encargaron del asunto Finalmente, para promover la comunicación de la la informaciòn nueva, como producto final actualmente construyen una guía de recursos comunitarios

Mariana Munno, una de las docentes participes del proyecto comparte sus expectativas: “Están a punto de arrancar una nueva etapa totalmente desconocida, una nueva escuela buscar información y no la tienen ni saben de dónde sacarla. Hay tantos medios que los chicos se pierden. Desde nuestro lugar como docentes debemos darles las herramientas: poder buscar en internet, en una guía, cómo acercarse, qué preguntar. Que conozcan las funciones de las instituciones, un centro médico si necesitan una pastillas anticonceptivas o lo que fuere. Ellos no tienen el acompañamiento de las familias. Me quiero llevar de este proyecto que terminen diciendo que descubrieron a cuatro cuadras un centro cultural y pueden estudiar teatro o dan clases de física, que sepan que pueden recurrir. También que conozcan los medios donde se almacena la información, cómo buscar, dónde buscar. Por supuesto también integrar  a las familias que están invitadas a hacer los circuitos. Yo con eso estoy satisfecha”

 

Encontrá este artículo en la edición N°16 de Aptus Propuestas Educativas